Viajes

Teherán – diciembre 2014

A día de hoy, todavía mucha gente me sigue preguntando si estoy loco por ir a Teherán.

En occidente vemos a Irán como un país cerrado al exterior y peligroso para los extranjeros.

Quizás es cierto que hay que tener un punto de locura para ir hasta allí, sobre todo por las dificultades burocráticas a las que te tienes que enfrentar (visado, reserva de hotel, traslados, etc…).

Es verdad que casi todos estos trámites te lo hacen en cualquier agencia de viajes, pero yo siempre viajo por “libre”, organizando mis propias reservas de hotel, vuelos y traslados.

Nunca antes había viajado en solitario, así que pensé que nada mejor que un viaje especial que recordar toda la vida para empezar a viajar yo solo. Sin esperar a quien quiera acompañarme a mis “mini aventuras”.

Lo primero que hay que gestionar es el visado. Siendo español, se podría tramitar directamente en el mismo aeropuerto, pero es un trámite tan pesado que es mejor no arriesgarse a que haya algún problema. Además, la compañía aerea podría ponerte trabas si viajas sin visado.

Lo que hice, fue ponerme con contacto con Shary, de Viajes Persépolis, que funcionan como la oficina de turismo de Irán en España. El servicio fue impecable, rápido y eficiente.

No hace falta que te traslades físicamente a sus oficinas, ya que el trámite se puede hacer perfectamente por email, abonando los honorarios y la tasa de expedición del visado.

Hay que tener en cuenta una serie de consideraciones para la obtención del visado:

  • Es imprescindible contar con un seguro de asistencia en viaje.
  • Son válidos los seguros médicos contratados en España con cobertura en el extranjero.
  • Si tienes un pasaporte en el que figure un sello de entrada en Israel, no podrás entrar en Irán. La única opción sería obtener un nuevo pasaporte.

El coste del visado en diciembre de 2014 fue de 80 euros, a los que hay que añadir otros 50 euros por la tasa de entrada en el país, que se pagan directamente a la llegada.

El siguiente paso en todo viaje es organizar el alojamiento.

Había estado leyendo experiencias de otros viajeros y todos comentaban lo mismo. No hay forma de reservar (por tu cuenta) desde el extranjero. La única opción es presentarte directamente en el hotel.

Como casi todos los vuelos llegan de madrugada, el mío llegó entre las 3 y 4 de la mañana, lo que hice una vez que pasé los controles de visado, pago de la tasa de entrada y demás, fue quedarme en el aeropuerto hasta que amaneció.

Cuando llegas a las salas de espera te encuentras ya un aeropuerto totalmente diferente a lo que estamos acostumbrados en Europa. No es un aeropuerto muy grande, pero todo es diferente. La gente, el entorno, la decoración… Otro mundo!!, en especial para alguien que nunca había salido del entorno occidental de Europa o Estados Unidos.

Hasta que amaneció, aproveché para dormir un poco y cambiar dinero. El mejor sitio para cambiar moneda se encuentra en la planta de salidas. Mejor que en cualquier sitio en Teherán (si encuentras alguno).

Harto de esperar en las incómodas butacas (en todos los aeropuertos son igual de incómodas) me puse manos a la obra para buscar mi traslado al centro de Teherán. Como es lógico, las posiblidades de poder comunicarte son ínfimas, ya que prácticamente nadie habla inglés.

Sabía que existen unas “furgonetas” que funcionan como mini o microbús y que hacen el traslado desde el aeropuerto hasta algún punto en la ciudad, pasando por una estación de metro, pero a mi me “captó” un taxista, supongo que no oficial. Compartí coche con 3 personas más por una tarifa razonable.

El viaje desde el aeropuerto es increíble. Pasas del desierto a las faldas del monte Tochal, de casi 4.000 metros de altitud.

La autopista de entrada a Teherán es muy grande y con bastante tráfico. Coches, camiones, furgonetas, autobuses bastante destartalados para la visión de un occidental.

Una vez en el centro, ya sólo queda ir a la caza y captura de un hotel para poder pasar la noche. Tarea no demasiado fácil. Buscaba un hotel “limpio” y, por supuesto, con baño ensuite, nada de baños compartidos.

Después de andar durante horas y preguntar en varios hoteles, por fin llegué al Khayyam Hotel, muy bien ubicado, cerca del Gran Bazar, a buen precio, limpio, con reviews de Tripadvisor y todo. Además, la habitación que me ofrecieron tenía el baño incluido. Baño occidental, con retrete y todo!!! Todo un lujo.

El precio por este alojamiento en habitación doble, con baño y desayuno incluido fue de unos 20$ la noche (me dieron una habitación doble al precio de una individual). Eso si, no esperes grandes lujos para desayunar. La oferta todos los días fue de barbarí (pan plano) y sopa seca de lentejas.

Aunque costó, al fin tenía un hotel en el que poder descansar, ducharme y organizar las salidas cada día. Aunque muy límitado en el país, este hotel disponía de WIFI en las habitaciones.

Lo que más me sorprendió caminando por la ciudad fue ver la organización del caos circulatorio. En el centro, ningún semáforo funciona. Repito, ninguno.

No vi accidentes, ni atropellos, pero me temo que yo sería absolutamente incapaz de conducir en ese caos.

A la hora de cruzar, tenías que armarte de valor y pasar. Nadie para, pero tampoco te atropellan. Es muy difícil acostumbrarte a cruzar las calles así. Lo mejor es esperar a que alguien lo haga e ir detrás. Y, sobre todo, no avergonzarte si después de un rato intentando cruzar una calle ancha, aprovechas a que una viejecita empieza a cruzar y te pones detrás de ella. Es una buena manera de cruzar. Toda una aventura.

Ahora, sólo queda disfrutar de una inmensa ciudad. A mi, por lo general, me gusta mucho caminar para descubrir la esencia de cada ciudad, pero una alternativa, sobre todo para grandes desplazamientos es la utilización del transporte público.

El billete de metro diario costaba el equivalente de 20 céntimos y te permitía viajar por una red muy amplia. Desde las montañas hasta el desierto.

Ten encuenta que existen vagones excluivos para mujeres y si, por error, al seguir a la gente, acabas metiéndote en uno de ellos, es muy posible que te pongan mala cara.

En el metro, al igual que al cruzar las calles, te tienes que armar de valor. Yo dejé pasar 4 o 5 trenes antes de darme cuenta de que siempre es hora punta y los trenes van a reventar.

Olvida también la famosa instrucción “antes de entrar, dejen salir“. En Teherán funciona más bien lo de “tonto el último“. Te aseguro, que más de una vez fui el tonto, el último, el pardillo que no sabía subir o bajar del vagón.

Por lo demás, tienes cientos de lugares que visitar. Es una ciudad en la que te sientes seguro en todo momento. En el bazar, incluso conocí a dos personas que hablaban español. Uno me llevó a su tienda y quería venderme una de las típicas alfombras persas y el otro me hizo una pequeña ruta turística por el mismo bazar, incluyendo una visita a la mezquita. Una experiencia inolvidable.

Otras visitas recomendables son el Museo Nacional, la antigua embajada americana, la Torre Milad (desde la que tienes una vista espectacular de la cuidad), el desierto al que puedes ir en metro, etc… Y sobre todo, callejear. Callejear sin parar para encontrar rincones ocultos.

Por último, el último día pude confirmar que realmente existe esa especie de mini-microbús que te lleva desde una estación de metro hasta el mismo aeropuerto, dentro de su ruta habitual. Suele ir llena, por lo que habrá que esperar bastante tiempo hasta que aparezca una en la que puedas entrar. El billete para este traslado es bastante barato, pero lejos de lo que te ahorras, que es bastante, es poder experimentar una ruta diferente, lejos del cicuito de turistas y que son las que utilizan los locales.

No te asustes cuando te rodee gente al darse cuenta de que eres un occidental, perdido por esos remotos lugares. A todos les llama la atención. Algunos te ayudarán, otros, simplemente se reirán de tu torpeza.

Cuando decidí hacer este viaje, pensé que Obama iba a acabar con el aislamiento de Irán y que, poco a poco, se iría abriendo al mundo.

Parece que ahora está incluso más cerrado que antes y mi pasaporte me daría muchos problemas para entrar ahora en Estados Unidos, pero, sinceramente, es un viaje tan especial, que se lo recomiendo a cualquier persona que quiera hacer algo diferente. Una aventura y un país muy seguro.

Puedes ver más fotos aquí

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