Viajes

Oporto, la ciudad de las 101 colinas

En mi opinión, hasta la entrada en vigor de la zona Schengen, los españoles siempre pensábamos que Portugal era un lugar cómodo para cruzar la frontera y comprar las típicas toallas o sábanas.

Los veíamos aislados, entre España y el Océano Atlántico, como el jardín trasero de la casa del vecino. Sabes que está ahí, pero poco más.

Tengo que reconocer que la primera vez que visité Lisboa, allá por el año 2006, me llevé una grata sorpresa de un país tan parecido a España, pero con unas costumbres diferentes en algunos casos (horarios, comidas, etc…).

Ahí me di cuenta de lo injusto que hemos sido desde España, “aislando” un país que merece la pena visistar y conocer a fondo.

Pocas ciudades me han deslumbrado y hechizado al descubrir en ellas un encanto que no esperaba y han terminado enamorándome. Esta sensación la he tenido, hasta el momento, en Frankfurt, Lisboa y Berlín.

En todas ellas, sentí un amor a primera vista. Algo que no puedes explicarte, pero que sientes al pensar en ellas. Necesitas volver. Necesitas visitarlas otra vez para conocerlas en profundidad. Es esa sensación de “chispas” que sientes cuando conoces a una persona que te atrae al instante. Nadie lo entiende, pero no importa. Tú lo sientes.

Si bien Lisboa supuso una agradabilísima sorpresa para mi, Oporto no ha superado las espectivas que me había creado antes de llegar.

Es cierto que el centro de la ciudad es agradable, con edificios objeto de las fotos de todos los turistas que van por allí, como la Torre dos Clérigos, la Iglesia del Carmen, la Plaza de la Libertad, el Puente de Luis I, la Rua das flores, etc…

El principal problema que he encontrado en Oporto es que, una vez que te alejas del centro histórico, y, como siempre, hago, caminas, caminas y caminas, te encuentras otra ciudad, en la que es difícil dar más de 10 pasos seguidos sin encontrar un edificio abandonado. Muchos de ellos en ruina total.

Estos edificios, viviendas e incluso antiguas fábricas, suelen estar en esta situación por temas de herencias. O bien no llegan a acuerdos entre los herederos o bien, alcanzando acuerdos, no disponen del capital necesario para acometer las reformas que necesita cada edificio, lo que les provoca esa muerte lenta y agónica que puedes ver en cuanto te alejas 10 minutos andando del centro (a veces, incluso en menos tiempo). En cualquier dirección. En cualquier calle.

Si queréis patear esta ciudad, mi consejo es hacerlo con un buen calzado. No ya por las innumerables cuestas, rampas, repechos, pendientes, laderas, etc… que te vas a encontrar en todo momento, sino porque en la mayoría de las calles, el pavimento está formado por adoquines, pero colocados de una forma muy peculiar.

Algunos sobresalen muchísimo más que otros. La distancia entre cada adoquín no es regular, por lo que tropezarse es bastante fácil. Claramente, esta ciudad no la recomendaría para recorrerla en bicicleta, salvo que alquiles una eléctrica. Irás más cómodo, aunque lo pesado de pedalear entre adoquines no lo pierdes tampoco con este tipo de bicicletas.

Pero no todo es negativo. Por supuesto que no. En Oporto te vas a encontrar en una ciudad con gente muy agradable, que no duda en hablarte en español en cuanto se dan cuenta de que eres español. Y si no, en portugués, para acabar conversando en una especie de portuñol para hacerte entender.

Oporto es una ciudad con bastantes centros comerciales y, en todos ellos, el centro neurálgico suele ser el food court. Maravillosa idea para que puedas comer una buena sopa portuguesa, la famosa francesinha o un café, mientras tu acompañantes prefieren comer en McDonalds, KFC, Burger King o cualquier otro sitio. Cualquiera pide su comida favorita y te sientas en la misma mesa.

Por cierto, después de varios intentos, no conseguí ver el placer de la tan famosa francesinha. Un sandwich, lleno de rebanadas de queso, carne, embutido… Me costaba acabar una entera, pero sobre gustos…, no hay nada escrito.

En cuanto a comida, por lo que perdí el norte y no podía controlarme era por los archifamosos pasteles de nata, que puedes encontrar en cualquier esquina y por el pan de lo húmedo. El mejor de todos los que encontré está en un puesto del mercado del Bon Suceso. Auténtico pan de huevo. Todavía se me hace la boca agua cuando pienso en este dulce.

El mejor desayuno o picoteo en cualquier momento del día era un simple pingo y un pastel de nata. Todo ello por un precio no superior a 1,20 € por lo general. Puedo decir que la motivación era buscar el mejor pastel de nata. Esa era la excusa para el pingo con nata a cualquier hora del día.

Además de la ruta gastronómica y de las zonas que ya he comentado, yo no dejaría de visitar:

  • Foz do Douro (la desembocadura del Duero). Sitio perfecto para hacer fotos con oleaje grande.
  • Vila Nova de Gaia, desde la que hacer unas fotos preciosas de Oporto, especialmente al atardecer. Cientos de persona haciendo la misma foto a la misma hora no pueden estar equivocados.
  • Matosinhos, para comer una buena parrillada de sardinas, pescado, marisco, etc…
  • La zona de la Avenida de Boavista.
  • Mercado do Bolhao
  • Entre los centros comerciales destacaría Norte Shopping y Mar Shopping.
Foz do Douro

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s