Viajes

Toulouse, la ciudad rosa y aeroespacial

De entre todas las virtudes por las que destacar Toulouse es, sin duda, en mi opinión, lo maravilloso que resulta montar en bicicleta por la ciudad o lo cerca y accesible que tiene el aeropuerto, al que podrías llegar, además de en transporte público, andando.

Da igual por donde te muevas. Da igual si utilizas tu propia bicicleta o usas una de las innumerables opciones de alquiler que tienes a lo largo de la cuidad. Da igual por donde vayas. Todo da igual porque la sensación de respeto por las bicicletas no las he visto en ningún otro sitio.

Ni tan siquiera en Copenhague, porque allí los atascos no los producen los coches, sino las bicicletas.

En Toulouse, muchísimas calles del centro están cortadas para los vehículos y las que no están cortadas, disponen de carril bicicleta. Pero, incluso las calles pequeñas sin carril bicicleta son ideales. Los conductores no te agobian. No te pitan. No se arriman a ti para ponerte nervioso. Simplemente son pacientes y esperan el momento para pasarte.

Todo esto es lo que te hace sentir cómodo para aprovechar una ciudad en bicicleta.

Eso y los canales. Cientos de kilómetros a través de los canales, lo que hace que disfrutes más de un largo o corto paseo.

Otra de las grandes virtudes es que, por lo general, las únicas cuestas que encontraras serán las de los puentes 😁 .

Toulouse no es una de las cuidades más bonitas o monumentales que puedes encontrar en Francia, como París, Metz, Nancy, etc…, con excepcionales catedrales góticas que te dejan con la boca abierta. Sobre todo, a alguien acostumbrado al arte románico del centro de España.

En Toulouse, el arte románico es el predominante, pero edificios y catedrales esbeltos y con amplios espacios exteriores para poder ver en todas las dimensiones los edificios, como la iglesa de St. Sernin y su torre campanario de 8 lados, por ejemplo.

Eso si, si vas en verano, no te olvides de algún espray antimosquitos o calmante de picaduras, porque cuando atardece, en algunas calles puedes salir con cientos y cientos de picaduras en un momento.

Como en el resto de Francia, no puedes dejar de visitar las patisserie y probar varias clases de pan y bollos o los típicos crepes franceses.

La comida da igual donde la pruebes. Siempre tendrás un buen restaurante en el que disfrutar y, si además de la típica comida francesa, quieres disfrutar de otras cocinas internacionales, gracias a la inmigración del norte de África, puedes probar numerosos restaurantes marroquíes, tunecinos, etc…

Salvo que se me escapara alguno, no es una ciudad dotada de grandes parques, pero tienes pequeños parques, algunos conectados entre si a través de pasarelas.

Uno de los llamativos, es el “pequeño” jardín japonés que tienes en el centro de la ciudad. No es un espacio muy grande, pero es algo diferente y en el que puedes relajarte unos minutos.

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